Pese al estrés de trabajar bajo la pandemia, Alejandra Pérez y Alejandro Marotta celebran con emoción el haber cumplido dos décadas atendiendo a sus clientes de San Martín de los Andes.
“Si bien en San Martín de los Andes prácticamente no hubo casos de Covid-19, mantenemos estrictamente todos los protocolos preventivos”, comenta la farmacéutica María Alejandra Pérez, titular y fundadora, junto con su esposo Alejandro Marotta, de Farmacia La Vega, que funciona desde el año 2000 en la mencionada ciudad neuquina. Al principio de la cuarentena atendían solo por ventanilla, pero el invierno hizo necesario que dejaran pasar hasta dos personas al mismo tiempo, para evitar el frío y la nieve. En la farmacia hay varios dispensers de alcohol en gel disponibles y todos los productos que ingresan al local son cuidadosamente desinfectados. “Buscamos estrategias para que la gente venga lo mínimo posible. Nos apoyamos en las redes sociales y en WhatsApp. También vendemos por Internet a través de GPSfarma que, como ventaja adicional, permite que nuestros clientes se beneficien con las promociones”, señala Alejandra. Desde que comenzó la pandemia, el exceso de trabajo y la alteración de la operatoria habitual implican una cuota importante de estrés, aunque eso no altera la motivación de los fundadores, que ya fue puesta a prueba durante las más de tres décadas que llevan en el rubro, si se suman sus experiencias anteriores. Ambos son oriundos de Mendoza, donde se criaron y estudiaron. Luego emigraron a Entre Ríos y después de un tiempo abrieron una farmacia en Ibicuy. “Era la única que había en el pueblo. Trabajamos muchísimo, y funcionó muy bien durante nueve años”, cuenta la entrevistada. Pese a ello, cuando nació su primera hija decidieron cumplir un viejo sueño: mudarse a San Martín de los Andes. “Un lugar paradisíaco, al que conocimos en nuestra luna de miel”, dice.
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