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La farmacia de las chicas: 37 años de honestidad y buena atención en Vera 

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Fernanda Marangoni abrió su farmacia a los 22 años, con lo justo y la ayuda de su papá. Hoy la comparte con cuatro mujeres que la acompañan desde hace más de veinte, y con una regla que no negocia: la honestidad. 

“Ya somos la farmacia de las chicas”, cuenta Fernanda. Mariana, Silvina, Laura y María Eugenia trabajan junto a ella hace más de veinte años, y el equipo de Farmacia Marangoni, en Vera, Santa Fe, siempre fue de mujeres. Cuando se pregunta por ellas, lo primero que se escucha es lo bien que atienden. 

Para Fernanda, lo primero es la honestidad “en todos los aspectos”. “Lo peor que pueden decir de mí es desconfiar”, dice. “Es lo que más me duele, porque jamás tuvimos el objetivo de embromar a nadie.” Abre y cierra la farmacia, a la mañana y a la tarde, y siempre se la encuentra en atención al público. Se define como exigente, pero con un límite: “Nunca les voy a pedir algo que no haya hecho yo, porque no sería justo”. 

“Me dio una palanca para empezar” 

Todo empezó el 16 de noviembre de 1989. Fernanda se había recibido a los 21 años en la Universidad Nacional de Córdoba y dio clases de Física y Química durante un año en el Instituto Inmaculada Concepción, del que es egresada. A los 22 abrió su propia farmacia con la ayuda de su papá, Gino, que ya no está, pero sigue presente. Arrancó con una muy pequeña, “con lo elemental o menos que lo elemental”. Con sacrificio fue creciendo y la ampliaron tres veces. “Ya no más”, dice entre risas. 

En ese camino, Fernanda acompaña a Droguería del Sud desde sus orígenes en la sucursal Santo Tomé: cuando la droguería recién empezaba, fueron a verla a ella, que ya llevaba varios años en marcha. Destaca el buen vínculo con todo el equipo, incluidos los tomadores de pedido. 

“Anécdotas hay millones” 

La farmacia tiene una perfumería amplia, muy surtida y bien stockeada, siempre al día con las novedades, y accesorios de todo tipo: carteras, pañuelos, chalinas, un poco de todo. Y un detalle que nunca falta: un florero con flores, muchas veces regalo de clientes que también les traen masitas y facturas. 

Cuando no está en la farmacia, Fernanda está en el patio de su casa, entre plantas y perros, y algún día sueña con tener su propio vivero. “Soy de verano, amo el sol y las plantas.” Comparte su vida con Aldo, su marido, con quien lleva 37 años de casados, y con su hija Emilia, de 31. Ellos “no siguieron mis pasos”, pero siempre la escuchan y acompañan. 

Con tantos años de trabajo, anécdotas hay “millones”, aunque muchas no se pueden contar. Una que sí: una de las chicas, que ya no trabaja en la farmacia, vendía lancetas para glucómetro y las anotaba en el cuaderno para el pedido. Cuando Fernanda fue a hacerlo, no entendía nada: había copiado el otro lado de la caja, el que está en otro idioma. Quedó para la historia, y todavía hoy, cada vez que se acuerdan, miran los dos lados de las cajas. 

“Siempre decimos por qué no las empezamos a escribir desde el inicio, porque uno se va olvidando.” Que esta nota sea un primer paso: una historia más para que Vera y toda la comunidad de Esencia conozcan a la farmacia de las chicas. 

Fernanda, Mariana, Silvina, Laura y María Eugenia: gracias por abrirnos las puertas de su farmacia y por contarnos su historia. Desde Esencia, les deseamos que sigan sumando años, flores en el florero y muchas anécdotas más para contar. 

Farmacia Marangoni · Vera, Santa Fe · Facebook: Farmacia Marangoni 

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