La incontinencia urinaria es una condición frecuente entre las mujeres, pero todavía muchas la viven en silencio o la asumen como una consecuencia inevitable de la edad o de haber tenido hijos. Sin embargo, que sea frecuente no significa que sea normal ni que haya que acostumbrarse a ella.
“La paciente no debería perder orina”, advierte Carola Sandor, especialista en Uroginecología del Hospital Universitario Austral. Se estima que aproximadamente una de cada tres mujeres presenta incontinencia urinaria, aunque conocer su verdadera incidencia resulta difícil porque muchas evitan consultar.
No todas las pérdidas son iguales
Sandor distingue dos grandes tipos:
- La incontinencia de esfuerzo se caracteriza por pérdidas involuntarias de orina asociadas a un esfuerzo físico, como toser, estornudar, agacharse, levantar peso o hacer ejercicio. Entre los principales factores que pueden favorecer su aparición se encuentran los embarazos y partos —especialmente de bebés de más de cuatro kilos—, el sobrepeso, la tos crónica y el levantamiento frecuente de peso.
- La incontinencia de urgencia, en cambio, se asocia a una necesidad repentina e intensa de orinar. Suele vincularse con la menopausia, la disminución de estrógenos y el paso del tiempo.
Cuando la vida empieza a adaptarse a la incontinencia
El momento de consultar depende, en buena medida, de cuánto interfieran las pérdidas con la vida cotidiana.
El impacto puede ir mucho más allá de la incomodidad física. “Hay mujeres que cambian hábitos o empiezan a elegir vestimenta más oscura, o dejaron de hacer actividad física por esto. No quieren salir de su casa, no se quieren reír. La persona se empieza a adaptar a la incontinencia”, señala. Por eso, recomienda consultar cuando los episodios comienzan a repetirse o afectan la calidad de vida.
Tratamientos y hábitos que ayudan
Sandor explica que, entre las alternativas, se encuentran la kinesiología o rehabilitación del piso pélvico, la medicación en determinados casos de incontinencia de urgencia y, para algunas pacientes con incontinencia de esfuerzo, la cirugía.
También pueden revisarse hábitos cotidianos: evitar postergar durante muchas horas las ganas de orinar o ir al baño con demasiada frecuencia. En pacientes con incontinencia de urgencia, puede ayudar disminuir el consumo de irritantes de la vejiga como té, mate, café, gaseosas, cigarrillo y comidas muy picantes.
El principal mito a derribar, sostiene la especialista, es creer que no hay solución: “Hay muchos tratamientos para curar o mejorar sustancialmente este problema”.
Desde la farmacia: informar y promover la consulta
El equipo de farmacia puede ocupar un lugar importante para desnaturalizar las pérdidas de orina y orientar hacia la consulta profesional.
Una campaña o acción en la farmacia que se enfoque en embarazo, puerperio o menopausia puede ser una gran oportunidad para hablar de la incontinencia sin tabúes, y recordar que no es algo a lo que una mujer tenga que resignarse.


