Prevención

Trastornos del sueño: lo que el farmacéutico debe saber

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El 15 de marzo se celebra el Día Mundial del Sueño, una ocasión que es capitalizada por los especialistas para poner el foco en este problema cuya prevalencia en la Argentina resulta preocupante.

Dormir mal se ha convertido en un problema común, hasta tal punto que es considerado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como una epidemia. Se estima que el 30% de la población mundial sufre algún tipo de patología del sueño y un 4% la padece de forma crónica.

En nuestro país, según datos de la encuesta nacional del Observatorio de la Deuda Social Argentina (UCA), las dificultades para tener un sueño adecuado son frecuentes. El 14,8% de los argentinos mayores de 18 años duerme menos de 6 horas por día. Un 14,22% reportó dormir mal y un 22% dijo padecer de somnolencia durante el día.

El insomnio es uno de los trastornos de sueño más comunes. Se produce cuando la persona tiene problemas para dormirse, se despierta varias veces por la noche o se levanta horas antes de lo que quisiera. Muchas veces la causa es muy clara y transitoria (como una situación laboral o familiar traumática) y el problema desaparece al solucionarla.

La clasificación de enfermedades de la OMS establece que para el diagnóstico de insomnio es necesario que el trastorno dure al menos un mes y que, además, se acompañe de fatiga diurna, sensación de malestar personal significativo y deterioro de la actividad social y laboral.

 El rol del farmacéutico

Teniendo en cuenta que por su cercanía y proximidad es el primer profesional al que los pacientes hacen partícipe de este tipo de problemas, el farmacéutico debe proporcionarles una información clara, concisa y rigurosa de qué es exactamente el insomnio, de qué forma puede prevenirse y cuáles son sus principales consecuencias y complicaciones.

La primera valoración debe tender a determinar si el problema de sueño es transitorio o puntual, o si se trata de un cuadro crónico (cuando su duración supera los 6 meses). También es importante saber si puede estar vinculado con otros problemas, como trastornos digestivos o el uso de determinados fármacos. 

El protocolo de atención farmacéutica debe incluir una serie de preguntas sobre la frecuencia del insomnio, los síntomas, la presencia de enfermedades psiquiátricas u orgánicas y el consumo de ciertos medicamentos.

En función de las respuestas, el farmacéutico debe remitir al médico a aquellas personas que tengan síntomas persistentes o crónicamente intermitentes de insomnio; las que padezcan enfermedades crónicas y aquellas que estén usando antidepresivos, ansiolíticos, antipsicóticos y broncodilatadores de tipo beta-agonistas.

En cambio, si el insomnio es transitorio y no está vinculado con las cuestiones mencionadas, se pueden brindar los siguientes consejos:

  • No consumir alimentos o bebidas con cafeína seis horas antes de ir a dormir. Tampoco bebidas alcohólicas ya que, si bien las mismas inducen al sueño, acortan su duración.
  • Evitar la nicotina durante la noche o cerca de la hora de dormir.
  • No realizar ejercicio físico intenso al menos en las seis horas previas a acostarse.
  • Minimizar la luz, el ruido y las temperaturas extremas en el dormitorio.
  • Permanecer en la cama sólo el tiempo que se esté durmiendo. Está comprobado que seguir en la cama sin dormir prolonga la fase de vigilia.
  • Despertarse a una hora regular, incluso durante los fines de semana y las vacaciones, independientemente de cuánto se haya dormido.
  • Evitar las siestas. En caso de que sea imposible, se puede recomendar una microsiesta (de menos de media hora), siempre que se lleve a cabo al menos 6 horas antes de acostarse por la noche.

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