Salud

Día Mundial de la Salud Mental: desafíos para los farmacéuticos

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El primer Estudio Argentino de Epidemiología en Salud Mental, presentado este año, abre las puertas para un mayor involucramiento de las farmacias en la prevención y atención de pacientes con trastornos psiquiátricos.

Uno de cada tres argentinos mayores de 18 años presentó algún trastorno de salud mental en algún momento de su vida. Los más frecuentes fueron depresión, abuso de sustancias y fobias específicas. Así se desprende de las conclusiones del primer Estudio Argentino de Epidemiología en Salud Mental, revelado este año.

Este trabajo, financiado por el Ministerio de Salud de la Nación, fue llevado a cabo por la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires (UBA) a través de un convenio con el Consorcio Internacional de Epidemiología Psiquiátrica OMS/Universidad de Harvard y contó con el apoyo técnico y material de  la Asociación de Psiquiatras Argentinos (APSA).

Uno de los objetivos principales fue contar con datos propios del país en epidemiología en salud mental, teniendo en cuenta que los trastornos de este tipo tienen una altísima prevalencia, casi cercana a los de oncología o enfermedades cardiovasculares.

La incidencia de los trastornos psiquiátricos ha sido históricamente subestimada. Cinco de las diez mayores causas de discapacidad mundial son psiquiátricas: depresión, abuso  de  alcohol,  bipolaridad, esquizofrenia y el trastorno obsesivo-compulsivo. Además, el suicidio está entre las diez  mayores causas de muerte.

Si se toman solamente los trastornos de ansiedad, se observa una alta incidencia: los padecen al menos 16,4% de la población argentina. Los que más prevalecen son las fobias específicas (6,8%), luego la ansiedad generalizada (3,9%), los trastornos de ansiedad por separación (3,1%) y el trastorno obsesivo-compulsivo (con casi el 3%, una cifra superior a otros países). Le siguen el trastorno por estrés postraumático, la fobia social, los trastornos de pánico y la agorafobia (miedo a los espacios abiertos).

Una fecha para reflexionar

Como todos los años, el 10 de octubre se celebra el Día Mundial de la Salud Mental, instituido por la Organización Mundial de la Salud (OMS). La ocasión es ideal para analizar cómo pueden contribuir los distintos profesionales de la salud a la prevención de este tipo de trastornos.

La Federación Internacional Farmacéutica (FIP) reivindica el rol del farmacéutico. “Para muchos pacientes, los farmacéuticos son su primer punto de contacto sanitario. Por ende, tienen un rol importante que desempeñar si queremos hacer de la salud mental una realidad global”, expresaron en un comunicado. “Los farmacéuticos son un importante y todavía infrautilizado recurso que puede proveer un gran apoyo en los retos que plantea la atención de la salud mental”, añadieron.

Desafíos

Las experiencias recogidas sugieren que la práctica profesional farmacéutica ante pacientes con enfermedades mentales y adicciones se ve limitada por una serie de factores que impiden aprovechar el máximo potencial asistencial del farmacéutico y brindar una atención que mejore la confianza del paciente, su adherencia y la eficacia del tratamiento.

De acuerdo con las experiencias recogidas en distintos estudios, los servicios más proporcionados por las farmacias a pacientes con trastornos mentales y adicciones son la dispensa, el consejo y, hasta cierto punto, el seguimiento farmacoterapéutico. En ese sentido, aún existen algunos factores que limitan la provisión de más servicios y la calidad de los mismos:

  • Tiempo y carga de trabajo. Muchos farmacéuticos no tienen tiempo suficiente para atender las necesidades de los pacientes con problemas de salud mental como les gustaría.
  • Confianza y privacidad. No es sencillo construir relaciones de confianza con estos pacientes. Existen dificultades para asegurar, en el entorno de una farmacia, las necesidades de privacidad y confidencialidad requeridas.
  • Estigma social. La estigmatización social de quienes padecen trastornos mentales los lleva a cerrarse; muchas veces optan por no confiar en el farmacéutico. Eso hace que en la mayoría de los casos el paciente no reconozca directamente su enfermedad ni la explique al farmacéutico, sino que éste deba suponer lo que le sucede sobre la base de preguntar en función de los síntomas evidenciados.
  • Colaboración y comunicación. Los farmacéuticos plantean la necesidad de colaborar y comunicarse mejor con otros profesionales de la salud, especialmente médicos y trabajadores sociales.
  • Formación y protocolos de intervención. A veces faltan conocimientos específicos. Hay una necesidad de formación e información sobre adicciones y trastornos mentales y de protocolos de intervención para abordar con seguridad estas patologías.
  • Claridad en las funciones. Existe una necesidad de definir mejor el rol de los farmacéuticos y los límites de su atención terapéutica.

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