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Farmacia Banchio: 45 años de vocación, constancia y cercanía en Santa Fe 

Al frente de Farmacia Banchio desde hace 45 años, Marisel Banchio comparte una historia de trabajo, vínculo con la comunidad y amor por una profesión que todavía hoy disfruta profundamente, con la ilusión de llegar a los 50 años. 

Hay historias profesionales que empiezan mucho antes de recibir un título. En el caso de Marisel Banchio, la farmacia entró en su vida desde temprano, casi como una escena fundacional. Su padrino era farmacéutico y, cuando ella estaba en la secundaria, lo reemplazaba durante las vacaciones. “Le atendía la farmacia, era su coequiper, pero en vacaciones nada más”, recuerda. Sin saberlo del todo, ahí empezaba a tomar forma un vínculo que con los años se convertiría en una vocación profunda.  

De vocación temprana a historia de vida 

Hoy, al frente de Farmacia Banchio, Marisel resume su relación con el oficio en una frase simple y contundente: “La amo, la farmacia, ¿qué te puedo decir?”. Después de 45 años en su farmacia —y dos años previos de trabajo en otra—, sigue disfrutando del mostrador, del contacto con la gente y del ritmo cotidiano de una profesión que siente propia.  

“Mis hijos me dicen: ‘¿Cuándo te vas a jubilar? ¿Cuándo vas a dejar?’. Pero la verdad que no podría. No sé qué haría si me jubilo”, cuenta. Y aunque habla con honestidad del esfuerzo acumulado, también deja ver un deseo muy claro: poder llegar a los 50 años de trayectoria.  

Su camino profesional empezó con decisión. Apenas se recibió, fue a Inspección de Farmacia, preguntó si había alguna vacante y consiguió trabajo. Después, la vida la fue llevando hacia una esquina que ya tenía en mente. Vivía cerca, la observaba, la imaginaba como su farmacia. Con el tiempo, pudo instalarse allí, mudarse, volver y finalmente comprar el local.  

Una esquina, una comunidad, una historia 

Esa esquina frente a la terminal de ómnibus, con movimiento constante y circulación diaria, terminó convirtiéndose en el espacio donde construyó su historia profesional y personal.  

No es un dato menor que haya elegido sostener un horario corrido: para Marisel, la farmacia está pensada en función del servicio a la gente. Y ese rasgo aparece una y otra vez en su relato. Habla del contacto humano como una de las partes que más disfruta y de la emoción de ver pasar generaciones de clientes por el mismo lugar. “Vienen chicas grandes que me dicen: ‘Yo cuando era chiquita venía con mi mamá’”, cuenta. “Imaginate, yo no lo puedo creer… La verdad que es un orgullo estar tantos años en el mismo lugar”.  

Adaptarse, sostenerse y seguir 

A lo largo de estas décadas, la farmacia cambió, al igual que cambió el contexto. Marisel atravesó épocas difíciles, crisis económicas y momentos en los que sostenerse implicó redoblar el esfuerzo. Recuerda, por ejemplo, lo que significó comprar el local y encontrarse, de un día para el otro, con una suba abrupta del dólar. “Me costó horrores salir”, dice. Pero también lo resume con una definición que parece ordenar toda su trayectoria: “El lema es trabajar, ser constante”.  

Esa constancia hoy convive con nuevos desafíos. Recetas digitales, troquel digital, procesos tecnológicos y nuevas exigencias de gestión obligan a aggiornarse de manera permanente. Marisel lo asume como parte de la realidad actual de la profesión: hay que estar al día, actualizarse y seguir al frente. En ese equilibrio entre organización y cercanía, delega parte de la operación cotidiana en su equipo, mientras ella sostiene con especial atención la dimensión más humana del trabajo. “Yo hago más la parte social: hablo con la gente, me gusta”, explica.  

Tal vez allí esté una de las claves de la historia de Farmacia Banchio: haber sabido combinar experiencia, adaptación y trato cercano sin perder identidad. Esa forma de ejercer el oficio le permitió conservar clientes de toda la vida y, al mismo tiempo, seguir sumando nuevos públicos.  

En su recorrido, también ocupa un lugar importante el vínculo con Droguería del Sud, que define como muy bueno y fluido. Marisel recuerda viajes compartidos, eventos y una relación sostenida en el tiempo desde el contacto cercano. “Nos llevamos perfecto”, resume.  

Con la meta de llegar a los 50 años, Farmacia Banchio sigue siendo para Marisel mucho más que un lugar de trabajo: es una forma de estar cerca de los otros, de construir comunidad y de darle sentido a cada día.