En distintos países, la farmacia dejó de ser solo un punto de dispensa para convertirse en un actor activo en la prevención, la detección temprana y el acompañamiento de pacientes. El crecimiento de las enfermedades crónicas, el envejecimiento poblacional y la sobrecarga de los sistemas sanitarios están redefiniendo el mapa de la atención primaria, y en ese contexto la farmacia comunitaria emerge como un primer nivel de acceso a la salud. Lejos de ser una transformación teórica, esta evolución ya se traduce en servicios estructurados y medibles en países como Reino Unido, Canadá y Estados Unidos, donde la farmacia cumple un rol clave en prevención, acceso y eficiencia del sistema.
Experiencias internacionales: prevención con servicios concretos
Reino Unido: la farmacia como puerta de entrada al sistema
Desde 2024, el programa Pharmacy First, impulsado por el NHS (National Health Service), habilita a las farmacias comunitarias a intervenir, bajo rutas clínicas estandarizadas, en siete condiciones clínicas frecuentes: dolor de garganta, infecciones de oído, sinusitis, picaduras de insectos infectadas, impétigo, herpes zóster e infección urinaria no complicada en mujeres. A este esquema se suma el servicio nacional de control de presión arterial en farmacias, orientado a detectar casos de hipertensión no diagnosticada y derivar tempranamente al paciente. El objetivo es claro: fortalecer la prevención, reducir consultas innecesarias en atención primaria y aprovechar la capilaridad de la farmacia como primer punto de contacto con el sistema de salud.
Canadá: farmacéuticos con mayor autonomía clínica
En provincias como British Columbia y Alberta, los farmacéuticos están habilitados a indicar tratamientos para afecciones leves, renovar recetas crónicas y participar activamente en estrategias de prevención vinculadas a patologías de alta prevalencia, como infecciones comunes, salud sexual y manejo inicial de enfermedades crónicas. Estos servicios se desarrollan bajo protocolos provinciales, con sistemas de registro y derivación cuando corresponde. La evidencia local muestra mejoras en el acceso oportuno, especialmente en comunidades con menor disponibilidad médica, y un rol más activo del farmacéutico en la educación sanitaria, la adherencia terapéutica y el seguimiento del paciente.
Estados Unidos: prevención integrada al punto de venta
En Estados Unidos, tanto farmacias comunitarias como grandes cadenas incorporaron servicios clínicos integrados al espacio farmacéutico, entre ellos vacunación, control de presión arterial, monitoreo de glucemia, programas de adherencia terapéutica y manejo de enfermedades crónicas como diabetes o asma. Durante la pandemia, este modelo se consolidó como un componente clave del sistema de salud: la farmacia fue un actor central para sostener campañas de vacunación masiva, testeo y educación sanitaria, reforzando su rol como aliado estratégico del sistema de salud y plataforma de prevención a escala comunitaria.
Argentina: prácticas actuales y margen de oportunidad
El marco vigente ya contempla prácticas sanitarias en farmacia como la aplicación de inyectables y, bajo determinadas condiciones, la vacunación. El desafío es profundizar el enfoque preventivo, incorporando de manera sistemática educación en salud, detección temprana de factores de riesgo y acompañamiento del paciente crónico. Las campañas de vacunación y concientización muestran que existe un margen claro de evolución.
Mirar hacia adelante con la prevención como eje
Las experiencias internacionales muestran que la farmacia puede cumplir un rol concreto y medible en la prevención y el cuidado temprano de la salud, siempre que existan protocolos claros y articulación con el sistema sanitario. En ese camino, el fortalecimiento del rol del farmacéutico como referente cercano y confiable aparece como una oportunidad estratégica para el sector y para la salud de la comunidad.
