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Tendencias - 1 agosto, 2020

La aceleración digital: una tendencia que llegó para quedarse

En los últimos meses, gran parte de las actividades de la vida cotidiana se volcaron masivamente hacia el mundo virtual. Comprender este fenómeno es el primer paso para poder capitalizarlo.

Uno de los cambios más notables que trajo la pandemia fue la migración hacia una mayor virtualidad, que abarca a todos los ámbitos de la vida. En cuatro meses se alcanzó un grado de digitalización pronosticado para los próximos dos a cuatro años, según el aspecto que se tome.
La vida cotidiana y el mundo laboral no volverán a ser lo que eran antes de la irrupción del coronavirus. Por lo tanto, conviene tomar nota de los aspectos más importantes de este cambio

Fuerte crecimiento del comercio electrónico

“Desde que empezó la cuarentena, hice más compras por Internet que en toda mi vida anterior”, ejemplificó el emprendedor y tecnólogo Santiago Bilinkis durante la charla que brindó en la Expo Esencia Virtual Buenos Aires y Corrientes, que tuvo lugar el 17 y 18 de julio. “Muchas personas que nunca habían comprado por Internet, lo hicieron por primera vez, y la mayoría lo seguirá haciendo”, añadió.
En la Cámara Argentina de Comercio Electrónico (CACE) corroboran estos datos. “En marzo, abril y mayo, el comercio electrónico alcanzó picos de ventas que se pronosticaba alcanzar dentro de tres años”, explica su director, Gustavo Sambucetti, quien señala que en poco tiempo se sumaron más de dos millones de compradores nuevos al circuito del e‑commerce. “El canal virtual ya venía con un crecimiento alto, del orden del 75% anual en unidades”, agrega. “Entre marzo y abril de este año, las ventas virtuales de los supermercados crecieron 300%, lo que da una idea de este fenómeno. Mucha gente que solamente compraba algunas categorías determinadas, amplió notablemente su espectro”, concluye.

Teletrabajo

Más del 80% del personal de las empresas se vio forzado a pasar a la modalidad de home office. “El balance de este cambio arrojó varias sorpresas”, explicó Bilinkis. “La primera es que en general, la productividad individual no decreció, y en algunos casos se incrementó. El segundo hecho notable es que un altísimo porcentaje de las personas están satisfechas. En el AMBA, el teletrabajo implicó, en promedio, un ahorro de entre 70 y 80 minutos diarios en viajes”. Si bien no a todos les gustaría continuar con esta modalidad en forma permanente, el 85% dice estar a favor de un sistema mixto, que combine el trabajo en la empresa y en el hogar.

Educación y capacitación virtual

Personas de todas las edades tuvieron que volcarse hacia la virtualidad como herramienta de formación. Chicos en edad escolar que cursan a través de Internet; adultos que toman clases de idiomas por Zoom o Skype y personal que se capacita a distancia en distintos rubros, conforman un panorama inédito.

“Este cambio fue desprolijo”, señaló Bilinkis. “En muchos casos se dio sin la infraestructura ni la formación necesaria para implementarlo de manera óptima. Pero ocurrió, y está impulsando nuevas modalidades que tendrán consecuencias futuras sobre todos los ámbitos”, expresó.

¿Experiencia versus flexibilidad?

Históricamente, lo más valorado a la hora de seleccionar personal, era la experiencia. Pero ese concepto está llegando a su fin. “El culto a la experiencia asumía que el pasado era un buen predictor del futuro. Se creía que quien supo resolver problemas durante años, estaba capacitado para seguir haciéndolo en el futuro”, explicó Santiago Bilinkis. “La situación cambió: hoy el pasado es un pésimo predictor”.

Se dan situaciones en las cuales una mayor experiencia trae menor flexibilidad. Porque cuantas más veces una persona aplica con éxito una misma metodología, mayor es su creencia en que la misma seguirá funcionando, lo que puede inducir a error.

Hoy, entre un inexperto flexible y un experto rígido, es preferible el primero. La flexibilidad es más importante que la experiencia. Pero hay que salir de esa falsa dicotomía y conjugar las dos cosas. “Debemos transformarnos en expertos flexibles, que capitalicemos los conocimientos adquiridos, pero poniendo siempre un signo de interrogación a nuestras certezas”, concluyó el orador.