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Salud - 1 julio, 2020

Hepatitis: cómo contribuir a prevenirla

La mayor conciencia sanitaria impuesta por el Covid-19 puede generar un terreno fértil para llevar a cabo desde la farmacia acciones o mensajes preventivos sobre una enfermedad que afecta a medio millón de argentinos.

Desde hace diez años, Argentina reporta un promedio de 170 muertes anuales por hepatitis.
Más de medio millón de argentinos –entre el 1% y el 2% de la población- poseen hepatitis B o C, según el Ministerio de Salud de la Nación. Las cifras globales son igualmente preocupantes: 325 millones de personas padecen esta enfermedad, y casi un millón y medio mueren anualmente. La cifra es comparable con la de la tuberculosis y mayor que la atribuible al VIH.
Para estimular el fortalecimiento de las medidas preventivas y de control, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estableció el 28 de julio como Día Mundial contra la Hepatitis. La fecha conmemora el nacimiento del Premio Nobel de Medicina Baruch Blumberg, quien identificó el virus de la hepatitis B y desarrolló su vacuna.
En la lucha contra esta enfermedad, el farmacéutico, como profesional de la salud, tiene mucho que aportar. Además de asesorar, puede llevar a cabo acciones de educación sanitaria preventiva; contribuir a la detección precoz y, fundamentalmente, involucrarse en las campañas de vacunación. Para ello, cuenta con el apoyo del Programa Nacional de Control de las Hepatitis Virales, que desarrolla políticas de promoción, prevención y capacitación sobre el tema (guía completa ACÁ). El objetivo, en consonancia con la estrategia de la OMS, es erradicar la hepatitis de aquí al 2030.

Vacunación

Hay cinco tipos de hepatitis: A, B, C, D y E. Los más peligrosos son los B y C, responsables del 96% de las muertes. Las hepatitis A y B se previenen mediante las respectivas vacunas, incluidas en el Calendario Nacional de Inmunizaciones.
La vacuna contra la hepatitis B debe darse a toda la población, mientras que correspondiente a la A está indicada como dosis única en los niños al cumplir el año de edad, y en las personas pertenecientes a grupos de riesgo.
Para la hepatitis C no existe vacuna, pero puede prevenirse teniendo prácticas seguras en cuanto a actividad sexual e higiene. Desde hace unos años se trata con antivíricos de acción directa, que tienen una tasa de curación de más del 95% y menos efectos secundarios que los tratamientos anteriores. Estos fármacos fueron incluidos por la OMS en la lista de medicamentos esenciales, por lo que deben estar disponibles en todo momento, en cantidades suficientes y a precios asequibles para los sistemas de salud y los pacientes.