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Prevención - 1 noviembre, 2019

Antimicóticos: una oportunidad latente

Con el calor, surgen las infecciones causadas por hongos, lo que genera una mayor cantidad de consultas en las farmacias. Saber reconocer los tipos de micosis existentes es fundamental para poder recomendar el tratamiento adecuado.

La micosis –infección generada por la multiplicación de hongos en una zona determinada de la piel- es un problema generalizado, que se acentúa con la llegada del calor y la transpiración.

Los farmacéuticos tienen a su disposición, para ofrecer a quienes consultan, numerosas marcas con distintas presentaciones, mecanismos de aplicación y principios activos. Esta amplia gama de opciones exige cierto conocimiento, a fin de poder recomendar con precisión. Estas son algunas de las principales micosis:

• Se la conoce como pie de atleta, dado que se presenta con mayor frecuencia en deportistas. Es una infección focalizada en los pies, que se contagia de persona a persona, pero también por contacto con superficies húmedas como piletas, baños, duchas, toallas, alfombras, saunas, hoteles y gimnasios.

• Tinea unguium (onicomicosis). Así se denomina la infección de las uñas causada por hongos. Se trata de una infección común, que afecta a alrededor del 10% de los adultos y del 20% de las personas mayores. Fundamentalmente compromete las uñas de los pies, aunque en menor medida aparece también en las manos.

• Micosis interdigital. Puede provocar descamación, enrojecimiento, picazón y entre los dedos de los pies, aunque eventualmente puede extenderse también hasta la planta y el dorso de los mismos. Se presenta muchas veces –aunque no exclusivamente- en personas con mala circulación.

• Hongos en axilas y otros pliegues del cuerpo. Se ubican también en la ingle, detrás de las rodillas o en cualquier otro lugar húmedo donde se generen roces entre dos partes de la piel. Los síntomas comienzan con picazón. Luego la piel se pone colorada, se irrita y comienza a descamarse, generando una sensación muy fuerte de ardor.

• Manchas en la piel. Se las detecta visualmente, porque más allá de su apariencia, suelen ser asintomáticas; no pican ni arden. Pueden presentarse en cualquier parte del cuerpo. Este tipo de hongo requiere aplicar un antimicótico durante por lo menos cuatro semanas, y hay que aclarar a los pacientes que luego hará falta un tiempo para que piel recupere la melanina y retome su tono natural.

Antimicóticos: una oportunidad latente

Principios activos

Los antimicóticos son una categoría que en Argentina tiene un alto grado de desarrollo: no presenta diferencias significativas con la oferta existente en otros países del mundo. Hay varios principios activos, aunque los que se disputan el mercado de venta libre son básicamente dos:

Clotrimazol. Este principio activo mata los hongos al unirse a sus paredes celulares e impedir que sinteticen ergosterol, un compuesto necesario para su supervivencia. Es muy recomendado para el tratamiento de la candidiasis. Tres de cada cuatro mujeres sufren candidiasis vaginal en algún momento de su vida, y casi la mitad tendrán más de un episodio.

Terbinafina. Básicamente, interrumpe la capacidad reproductora de

los hongos. Es muy común su uso en el tratamiento del pie de atleta y la micosis interdigital. Tiene la ventaja de que permite ofrecer tratamientos más cortos, lo cual para muchas personas es decisivo.

De cualquier manera, es fundamental advertir a quienes consultan acerca de la importancia de respetar las indicaciones de los prospectos y seguir los tratamientos hasta el final. Un estudio llevado a cabo por Novartis señala que casi la mitad de los pacientes no cumplen con los tratamientos correctamente, y los abandonan ante los primeros síntomas de alivio. Esto provoca la reincidencia de la problemática.

Antimicóticos: una oportunidad latente Antimicóticos: una oportunidad latente

CONOCÉ MÁS


La onicomicosis

La onicomicosis (tinea unguium) es el nombre dado a la infección de las uñas causada por hongos. Se trata de un problema común, que afecta a alrededor del 10% de los adultos y del 20% de las personas mayores. Es generada por un hongo llamado tricofito, que está muy adaptado a vivir en el cuerpo, sobre todo en las uñas de los pies. 

La afección suele comenzar como una mancha blanca o amarilla en la punta de una de las uñas (y muchas veces se da tras la aparición de hongos en los pies). A medida que la infección se hace más profunda, los hongos pueden provocar decoloración, engrosamiento o caídas de los bordes. 

Las infecciones micóticas ocurren con más frecuencia en las uñas de los pies que en las de las manos porque las primeras están confinadas dentro de los zapatos a un ambiente oscuro, tibio y húmedo, donde los hongos pueden prosperar. Además, el flujo sanguíneo de los dedos de los pies es menor al de las manos, lo que dificulta al sistema inmunitario detectar la infección y detenerla. 

En pacientes diabéticos o inmunodeprimidos la onicomicosis puede servir como puerta de entrada para distintas bacterias, lo que favorece la aparición de infecciones secundarias. Por lo tanto, los hongos en las uñas deben ser tratados de inmediato y con persistencia.

En general, este tipo de hongos suelen presentar uno o más de los siguientes síntomas:

Engrosamiento de la uña.

Fragilidad, lo que genera uñas quebradizas.

Distorsiones en la forma de la uña.

  Pérdida del brillo (la uña se vuelve opaca) y oscurecimiento.

  Desprendimiento total o parcial de la uña.